Es de noche, pero acá no importa, será porque la misma sensación de angustia que nace en el asfalto y termina en la legislatura siempre en construcción, se desarrolla también tan socialmente durante el día, acá la pobreza no tiene nada que ver con lo económico, ni la enfermedad tiene nada que ver con la salud, ni la fiesta con la diversión, la desolación y el desahucie, y bueno...están, que le vamos a hacer, total el mundo no existe mas allá de esta ciudad, y si existiera, ¿a quién le importa?, quien puede rebelarse ante el absolutismo de la pasividad llevada a límites intolerables?
El silencio es impúdicamente forzado, la humedad acompaña de manera fotográfica el estado de sitio, auto pactado entre la ciudad y la idiosincrasia, en el que ha caído.
La gente le teme a la noche, le teme a la gente, y agranda el temor como si estuvieran panfleteando en contra de cualquier actividad que implique desafiar la exasperante quietud establecida.
Se ha coartado la libertad de expresar felicidad, se ha extirpado la sensación de que la vida es algo disfrutable y se ha implantado un chip de comodidad sin culpa, que en tiempo record, a fuerza de programas de televisión, ha logrado reducir el uso del cerebro a niveles insospechados pero definitivamente confirmables.
En esta ciudad se murmura y se farfulla por lo bajo, ahí nomás, entre vecinos, todos saben mas de lo que tienen que saber y a la vez no saben nada en absoluto, pero otra vez todos saben quien fue y cuando, cualquiera arriesgaría a creer que en una ciudad donde se sabe todo lo que sucede y quien lo perpetra, las oficinas de la justicia estarían repletas de informes y denuncias, de marchas y de escraches, de movilizaciones indignadas por la falta de garantías, pero no, ni cerca, como se le ocurre a uno que alguien iría a denunciar a cualquiera de los respetabilísimos miembros de tan prestigiosa sociedad donde los nombres mas prominentes se pueden mezclar con los mas diluidos, y es claro, si nos conocemos todos de chicos, jugábamos juntos a la pelota en la placita Pringles ahora Italia, pues resulta que como si esto fuera Casablanca lo que mas importa es el manejo de información sea de la clase que sea sin importar la calaña del informante. Sombras sobre sombras sobre sombras, silencio sobre mas silencio, nadie se olvida de nada pero esta todo perdonado, los chicos son buenos, además quien no se siente un poco importante cuando conoce intimidades de la gente mas poderosa, esto de la obsecuencia es cosa de zurdos, acá no hay obsecuencia, acá hay lealtad, lealtad hacia el muchacho de doble apellido ex jugador de rugby y alumno del colegio inmaculada, que jamás piso una calle de tierra y ahora tiene 50 kilos de sobrepeso, y que se dice igual a Juan Leiva, inundado y resistente en el centro donde duerme su desamparo, o el comisario comiendo asados con ministros y secretarios, en una tapera del arroyo Leyes con vinos de 13 pesos la botella, eso si, soda y hielo, emblemática señal de localismo, vaya a saber que caldos de cultivos se están gestando en el Leyes al tiempo en que se levanta la mano para saludar a un cartonero que conduce un carro tracción a sangre, ustedes no quieren que empiece a hablar del caballo, o en lo que sea que se convirtió el animal de lo heroico, de las grandes gestas, el emblema del triunfo, esta ciudad es un caballo que cincha, sin ilusión de comida, de un carro que lo etiqueta mientras recibe latigazos de sus dueños y puteadas de los automovilistas, como si esto fuera mejor que las miradas de desprecio y asco con que la sociedad transeúnte dispara sus rayos de fascismo y odio, de intolerancia y miedo, de silencios y secretos, de amistades devenidas en complicidades.
La ciudad de los silencios cómplices, Santa fe, te falta un mambo, te sobra muerte y pasarela.
RISOTTORABIOSO.
lunes, 27 de septiembre de 2010
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