El ojeador
El bar estaba completamente vacío, la música parecía salir de todos los rincones, era uno de esos domingos tan llenos de desierto, que ni algún ridículo bocinazo podría desmodorrar a la tarde que no caía sino que se posaba pesadamente en el regazo de la incipiente noche, por esa época solíamos juntarnos los muchachos de la barra a charlar de fútbol después de terminar la fecha, pero la lluvia y los magros resultados, habían hecho de la noche un telón de lobreguez impenetrable.
Me sirvo un whisky, un black con dos hielos, y me arrimo a la puerta vaso en mano, tan aburrido que caminar me parecía una montaña rusa, al llegar a la puerta diviso en la penumbra y a través de la cortina de llovizna un reflejo casi imperceptible, miro mejor y logro distinguir a un hombre fuertemente abrigado, con sobretodo gorro y bufanda, pero lo mas llamativo eran los anteojos negros, que no serian llamativos de haber asido el hombre alguna especie de bastón, sea blanco o no, pero no, no había ningún bastón, el hombre se refregaba la cara como cansado, creí que no era mas que un borracho, pero mis dudas se disiparon en cuanto vi que caminaba en condiciones normales, no era un ebrio, igualmente había algo que me llamaba la atención, y no eran los lentes, probablemente haya sido que interpreté un ademán de imposibilidad de quitárselos y eso me extrañó, de cualquier forma cuando vi que cruzo la calle en dirección al bar sentí un escalofrío que empezó en la nuca y no se detuvo hasta los talones, así, sin capacidad de reacción, me quedé estático mirándolo fijamente, el hombre no lo había notado aun porque estaba cabizbajo, pero en el momento en que levanto la cabeza y miro hacia delante el vaso exploto en mis manos derramando todo el whisky y provocando una maldición contenida, en ese segundo el extraño entra al bar mirando el piso y me pide con una voz seca y apagada
-lo mismo que estaba tomando usted y sírvase otro, hoy va a ser una noche larga.-
Lo mire con escepticismo y le hice un ademán con la cabeza levantada y hacia delante, que muy bien entendió, significaba ¿Por qué?
-porque hoy tengo que quedarme acá hasta que venga la persona con quien debo encontrarme-, respondió sin sobresaltos y firmemente, note que no miraba su vaso, mirar el vaso es algo que la gente hace habitualmente cuando están mintiendo, y dejándome llevar por mi presunta condición de conocedor de la gente de la noche, confié en mi mismo, y pregunte:
-¿y esta esperando a alguna señorita o a algún amigo?-
Se hizo un silencio como si el hombre estuviera pensando que decirme y sacándose los lentes pero sin permitirme verle los ojos respondió:
- estoy esperando a mi victima, lamento que tenga que ser aquí, pero no me queda opción.-
-¿victima?!!- Exclamé, sin sobresaltarme demasiado, y desconfiado pegunte.
- pero… entonces… ¿usted va a liquidar a uno acá? - y continué- mire, como broma está bien pero le aclaro que yo no permito bajo ningún punto de vista ninguna clase de disturbio aquí dentro, y si llegase a suceder llamo a la cana de toque-
-yo le entiendo mi amigo, -aclaró – pero créame, es lo mejor.-
- mire jefe, a esta altura lo mejor que me podría pasar es que yo me vaya temprano a mi casa y no tenga nada que contarle a mi mujer-
- con más razón, si yo me voy usted no llegará nunca a su casa-
Debo haber puesto alguna cara impensada, de esas jodidas, porque el tipo hizo un ademán con la mano como diciendo “tranqui nene “, y continuo
-no tiene porque entender, y así es mejor, usted hoy va a volver a su casa, créame, pero no si yo no me encuentro antes con la persona a la que estoy esperando.- todo eso lo había dicho cabizbajo, y la verdad me pone un poco incomodo no verle los ojos a mi interlocutor, bastante incomodo, así que lo increpé:
-escuche mi amigo, no me gusta nada esto que esta diciendo así que por favor al menos déjeme verle los ojos.-
Eso fue lo peor que se me pudo haber ocurrido, es el día de hoy que no se me borra esa maldita imagen, a veces cuando cierro los ojos veo aquellas espantosas cuencas todas venosas de un color rojizo enfermo y furioso a la vez, y muy al fondo esas brasas amarillas y negras que me provocaron una instantánea migraña que me hizo doblarme y retirar la vista.
-¡Hey! ¡¿¡¿Que me hizo?!?! Hijo de puta, la puta que te reparió!!! Me mordí los labios para no seguir insultándolo, pero tenía fuego adentro de la cabeza
- ¿quiere verme los ojos de nuevo?
-no, no, ta bien, ¿Qué me hizo?
El tipo se tomo su tiempo para contestar hasta que al fin se puso los lentes y explico
-soy un ojeador.-
Mi cara debe haber dicho bastante por si sola porque prosiguió como si estuviera acostumbrado a explicar su temita.
-Tengo una maldición o una bendición o lo que usted quiera, pero a todo lo que miro le pasa algo desagradable, con los lentes puedo parecer erguido mirando hacia abajo, siempre tratando de no mirarme los pies, la ultima vez tuve triple fractura de empeine, iba en ojotas, así que ahora solo rompo zapatos que es lo primero que veo por eso ando todo tapado, para no romperme a mi mismo.- hizo una pausa
- lo que aun no comprendo es porque no rompo los vidrios de los lentes, si en definitiva los miro todo el tiempo, supongo que no los rompo porque no los miro fijamente.-
Yo estaba atónito, pero aun podía razonar, ¿ que mierda hacia este tipo acá?,¿para que había venido?,¿Qué joraca quiere?.
El tipo vio que aún no había dicho demasiado para convencerme de su veracidad, y menos por explicar que cuernos tenía yo que ver en todo esto, entonces prosiguió.
-pero estos ojos malditos no solo sirven para destruir, a veces y solo a veces puedo ver pantallazos del futuro.-
Mi cabeza iba a mil, a ver, este tipo puede ver el futuro y esta acá para decirme que solo voy a volver a mi casa si el se queda y que va a ser una noche larga, y que se tiene que encontrar con alguien, y yo debía estar perdiéndome de algún dato porque no consigo hilvanar todas estas cosas, o al menos no de la forma que yo quiero, porque no quiero que nadie venga a matarme para que este tipo lo despedace, porque eso es lo que entiendo, que alguien va a venir a matarme.
El ojeador miro su reloj y me dijo
-tranquilo, falta poco-
Transcurrieron días meses e incluso años, todos reducidos a quince minutos, ni el ni yo hablamos en ese periodo, hasta que rompió el silencio con un ademán mudo de alerta, me mostró la palma de su mano y me hizo seña de agachate, solo alcance a ver que alguien ponía un pie en el umbral del bar. y me agache, desde atrás de la barra pude ver al tipo sacarse los anteojos, escuche el ruido del vidrio de la puerta de entrada, parecía haber estallado, también se podía oír la madera del marco crujir desesperada, y se oyó un grito, casi un gemido, un alarido ahogado por un profundo dolor, y vi como alguien se iba agarrándose la panza, luego vi la puerta destrozada el vidrio hecho trizas y sangre en la escalerita de entrada, mucha sangre, el rastro seguía hasta la vereda del vecino y luego se perdía cruzando la calle.
Del ojeador, ni la sombra.
La noche me favorecía para la limpieza. Después de limpiar y cerrar me fui a mi casa caminando, sabia que hoy me habían salvado la vida, sabia que nadie iba a creerme así que me fui temerariamente convencido de que no iba a suceder dos veces en la misma noche, la idea era siempre la misma, volver a casa sin tener nada que contarle a mi mujer, absolutamente nada que contarle a mi mujer, solo explicar lo del vidrio y la puerta y el marco; llegue a casa.
Mi mujer estaba durmiendo, la desperté con un beso, y me miró y me dijo
- hola, llegaste temprano-
Hice silencio y al cabo de unos segundos le dije
-¿a que no sabes lo que me paso hoy?-
Fin.
Martín “risottorabioso” Filippelli
jueves, 7 de enero de 2010
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