miércoles, 6 de enero de 2010

sucesos que me ofuscan, la señora que quiere su arbolito limpio

La señora que quiere su arbolito limpio, no es mas que una vecina cualquiera que como no tiene nada mas importante que hacer con su miserable existencia, que consta de sus hijos que jamás vienen a verla y de su finado marido que tampoco jamás vendrá a verla, aun si pudiera, y su vida transcurre en un interminable barrer de la vereda que acusa mas gaste por la escoba que por los transeúntes.
Pues esta buena señora tiene en su vereda un bonito árbol, que de mas esta decir no solo no trata bien, sino que ni siquiera trata, y en verano lo hace podar. Esta señora tiene un problema con los perros, que en realidad no es un problema sino una ridícula guerra personal, ella así como así detesta mas que cualquier otra cosa que los perros le meen su bonito árbol, entonces toma medidas preventivas, conocedora del folklore anti meada, da rienda suelta a su imaginación y se pone manos a la obra con las trapisondas mas bajas que se le pueden hacer a los pobres bichos que solo quieren descargar inocentemente.
Como primera medida cerca el árbol con una especie de alambradito de veinte centímetros de alto,…
a ver señora, a ver, ¡no se le ocurrió que hay miles de perros que mean mucho mas arriba de veinte centímetros !! el alambradito quedo para la anécdota.
la segunda medida cautelar viene mas ligada a la mitología de barrio, la buena mujer coloca cuatro botellas de plástico transparente llenas de agua y las ata al bonito árbol, que ya empieza a dejar de ser bonito, debo admitir que sentí una ligera satisfacción cuando mi perro meo sin inmutarse las cuatro estúpidas botellas.
Al tiempo de ver que lo de las botellas no funcionaba, se ve que alguien le hizo llegar el dato de que lo que no podía fallar era el azufre, ahí se la vio rodeando al pobre árbol con un camino amarillo que supongo debía despedir alguna especie de olor desagradable para los perros , yo no sentía nada, pero digo que debe haber sido desagradable porque casi todos los perros lo meaban, el azufre tampoco funcionaba y además era sospechoso porque algo tan amarillo parecía una especie de veneno y varios le increparon y amenazaron con denunciar a la sociedad protectora de animales.
Entonces parece ser que se ilumino, la solución estaba al alcance de su mano, habría ganado la guerra si podía llevar a cabo esta empresa, y ni lerda ni perezosa lo materializo.
Debían de haberle visto la cara el día de la inauguración del canterito de ladrillos de setenta centímetros de alto que le había hecho al pobre árbol, ahora si que ningún perro le mearía el árbol, los ladrillos no le importaban, que los meen decía, pero al árbol no, no se puede, y se regodeaba en su maravillosa idea, y su semblante había cambiado al de una mujer realizada, feliz, feliz porque ningún perro por alto que fuera le volvería a mear su árbol. Esto fue un jueves.
El viernes abrió el boliche bailable que esta en la avenida canning , a la vuelta de la casa de la señora, durante toda la noche y sistemáticamente todos los adolescentes y jóvenes que entraban o salían del boliche usaron el cantero, que mas que cantero era un mingitorio publico, los setenta centímetros de alto eran ideales y el pocito que se hacia en la parte interior del cantero era una laguna de meada , cuanto lo lamente por el pobre árbol.
Hoy la señora no duerme y se pasa las noches espiando atrás de la persiana, yo paso de vez en cuando, y ya no se oyen esos misteriosos chistidos que daba desde atrás de la ventana, ahora insulta a todo el mundo como si fueran los adolescentes del boliche de la vuelta.

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