miércoles, 6 de enero de 2010

la atrocidad mayor

La atrocidad mayor
“la vida es un campo sembrado de atrocidades,
La muerte es la amarga cosecha”

Las sirenas resonaban de manera torturante, la cabeza ,como llena de humo de adormidera, daba la sensación de caja de resonancia, las luces, ese mediano azul intermitente, molesto como esas imágenes aceleradas de Tokio, que se suelen ver en propagandas de televisión de documentales. Gente corriendo chaplinescamente por toda la casa, en ese momento como infiltrada en mi mente, tengo la idea de una visión periférica, y se, porque lo puedo ver, se exactamente, como corren y se mueven por detrás de mi, así mismo ni siquiera veo, (pero ahí radica el misterio que en este momento no logro desentrañar), como cualquiera pudiera concebir la acción de ver, no veo por los ojos, pero también se exactamente como se mueven en una antideliciosa danza y corren.
Veo mas no puedo mirar, y no puedo entender, comienzo a percibir una vaga molestia en la espalda y crece a medida que prospera mi impotencia para dejar de estar así, aquí. Solo quiero volver el tiempo atrás, ¿solo?, ésta impotencia me aplasta y petrifica, todo lo q quiero es reducir mis funciones corporales hasta solo respirar, y lo estoy logrando, y cuando creo que llego al punto cúlmine, otro flash, otra intermitencia azul, otro tipo corriendo por mi casa, mucha gente corre por mi casa, como hormigas desorientadas sobre un azulejo.
Deseo que haya pasado una eternidad, pero solo es un milisegundo, de repente pienso en matarme, lisa y llanamente, la idea me toma por sorpresa y me convence, pero yo me convenzo mejor de que no puedo mover ningún músculo, intento dejar de hacer lo único que estoy haciendo, respirar, pero el instinto de supervivencia que esta en el subconsciente, me impide suicidarme mentalmente, llego a la conclusión de que en terreno mental el raciocinio le gana por un gol al instinto de cometer cosas que atenten contra la propia lógica, está obviamente la excepción de la locura .
El sonido se extiende y se estira como si fuera una membrana pegajosa que me penetra en su forma chiclosa por la nariz, y por supuesto por los oídos , pero por la nariz…es temible y atronador, es una estampida silenciosa de sonidos que se convierte en una explosión de murmullos, tan ensordecedor, de pronto, de golpe, en seco, todo se corta cuando siento la presión en las muñecas, en ese instante creo que soy cristo ante los clavos y siento el mismo dolor, o por lo menos esa es la intención. Quiero que duela. El frío del metal recorre un siniestro sendero tatuado en mi piel y me eriza los pelos de la nuca. Otra explosión de metal chocando entre si, trabándose en un abrazo inquebrantable, otro flash, otro sirenazo de luz azul como agujas, unas manos toscas me levantan mientras las hormigas siguen corriendo una macabra carrera sin llegada.
Se me aflojan las rodillas y caigo; y creo que soy cristo otra vez. No hay forma que logre mantener la vertical, estoy convencido que es por el indescriptible peso de la cruz. Otras manos colaboran teniéndome en pie, un tipo me habla, veo que mueve su boca adelante mío, oigo un rugido y me pierdo en el interior rojizo de sus fauces, pero soy expulsado por la fuerza de sus palabras.
Orto flash, otro sirenazo; el tipo sigue moviendo la boca y yo sigo tratando de meterme entre sus molares y su lengua pero es inútil.
Me llevan hasta la calle, mejor dicho, me arrastran, hay una aglomeración de seres alborotados, mas flashes y mucho ruido; mucho peor que en mi casa, y me atacan todos a la vez. Siento un vacío extraño, como que muero un poco, y en un parpadeo estoy en el asiento trasero de un coche y otra vez a dormir.
El asiento me absorbe y me vuelvo etéreo, pero reincido en mi idea de ser corpóreo porque el asiento me escupe, luego empieza otra vez y así todo el viaje.
El vehiculo por fin se detuvo, y con su brusca frenada también se detuvo el infierno de luces y sirenas, se abrieron las puertas escalofriantes del auto haciendo un espantoso ruido similar al de hierro retorciéndose, las mismas manos que antes me habían levantado, ahora me arrancaban del que ya se había convertido en un infernal carruaje asiéndome por el cuello de la camisa. Mi resistencia fue nula, solo me deje llevar, sin saber que manos o a que sitios me estaban trasladando en ese momento, la realidad estaba sufriendo alteraciones del tipo lisérgico y jugaba conmigo.
Después de un significativo esfuerzo logre enfocar mas o menos, y me encontré rodeado de personas-hormiga en un habitáculo totalmente cubierto de espejos que se movía hacia algún otro lado. La visión se abstrae y logra que solo queden mis múltiples reflejos rodeados perimetralmente por un aura oscura, como aerografiada, que se torna en negrura absoluta y se convierte en infinito.
Experimento una sensación de intercalamiento de planos con mis reflejos, de modo que yo soy el reflejo y el reflejo es la realidad y lo entiendo perfectamente como que dos mas dos son cuatro, pero no comprendo como es que se que verdaderamente soy el reflejo y que los reflejos viven. Encuentro refugio como reflejo, el infinito con ventanas, la soledad con puertas que solo conducen de regreso al corazón de la misma soledad…………………………………………
Esto dura hasta quien sabe donde o cuando, pero termina con la encandilación total, el nacimiento de la luz con todo su poder estallando ante mis ojos ciegos, esto dura otro lapso de tiempo indefinido que me permite tener mil pensamientos imágenes y recuerdos.
De a poco, de a muy poco, todo se suaviza la luz retrocede como acobardada y el mundo se divide en dos arriba y abajo, la línea divisoria es el horizonte recto y curvo a la vez, que se va tornando menos difuso con el creciente amanecer hasta convertirse en una delgado trazo marrón.
Cuando hay mas abundancia de luz, también son mayores las probabilidades de la aparición de sombras, y las sombras no se hicieron esperar solo que no eran muchas, eran todas en una, cuya simiesca silueta parecía no parar de crecer jamás.
Veo todo este espectáculo a través de una burbuja de vidrio, como si estuviera sentado a lo chinito viendo una película y la parte de atrás de mis ojos fuera la pantalla. Es un cine con un sofisticado sistema de audio, muchos amplificadores que distorsionan y acoplan, pero el rugido se escucha claramente, gruñe y me acusa de haber cometido la atrocidad mayor, grita que todas las pruebas están en mi contra y que mas me vale confesar a fin de reducir mi castigo.
Intento decir algo y no puedo, intento mover aunque sea un parpado, pero es imposible, solo respiro y comprendo de la misma forma que lo hice anteriormente, sin explicación ni mecanismos de enseñanza, comprensión por compresión pura, por asimilación natural de razón y lógica, porque no puedo moverme. Y es precisamente porque estoy sentado como chinito frente a la parte de atrás de mis ojos, estoy dentro de mi cuerpo, mas puntualmente dentro de mi cabeza, soy una especie de muñequito ocupando una cavidad craneal con muchos órganos y venas y otras cosas que no tengo la menor idea de cómo se llaman pero están muy lejos y solo puedo verlas.
Escucho todas las acusaciones de las que soy objeto; veo policías y hombres de traje que me asustan, no me gustan y no por ser feos, desagradables, o sospechosos, simplemente me aterran.
Entonces apago los ojos como un televisor y me quedo dormido y sueño que la soledad es necesariamente oscura y que en la oscuridad se esta completamente solo.
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Me despierto porque alguien sacude todo mi cuerpo, la cabeza se mezcla en un maremoto, entonces enciendo los ojos, se levanta el telón, se enciende el sonido envolvente y me siento a disfrutar de la obra.



El juicio de la justicia
Hay cinco o seis personas alrededor mío, solo me guarece ese horizonte, que ahora vislumbro que es el escritorio ante el cual estoy sentado y la simiesca sombra es un policía feo gordo y agresivo portador de un aborrecible hedor, me grita en la cara, al mismo tiempo que ínfimas gotas de saliva chocan como baldazos en mi frente, que yo cometí la atrocidad mayor, acompañada esta aseveración de múltiples insultos que realmente me dolieron, si es que algo podría dolerme a estas alturas, ¿Cómo haría para arraigar una idea de insensibilidad de conciencia si eso es lo que creo que soy ahora?
Me presentan a mi abogado que me palmea la espalda y, sin sentirlo, me da mucho asco.
Me presentan a un doctor, que sin mediar formalismo alguno dice que estoy enfermo, pero también dice que no soy ningún boludo, que seguro que soy un orate, pero que si fui capaz de cometer la atrocidad mayor, bien soy capaz de simular un estado de shock o una crisis nerviosa o inducirme, incluso, a un estado comatoso.
Mi abogado, o bien es un completo idiota que permite que me arrojen a la cara miles de pruebas incriminatorias, o bien está para colaborar con la acusación, pareciera que lo disfruta, y ni atisbo de rebatir absolutamente nada, y como convencido de mi culpabilidad se agacha y le susurra al oído de mi cuerpo que mas me vale confesar, que cometí la atrocidad mayor y que me va a ir mejor si acepto la culpa y todos los cargos. ¡Idiota!
Mientras tanto me deshago en esfuerzos por recordar, pero solo evoco el momento en que puse un pie en el umbral de la puerta de mi casa…luego, solo luces de azul mediano, sirenas y hormigas correteando, todo es muy vago.
Se me declara sano y peligroso, con severas tendencias a desafiar la autoridad, atribuyendo a eso mi supuesta negación a declarar, y sumando a esto la opinión de los presentes acerca de que mi silencio no hace más que demostrar mi culpabilidad.
Me encierran en una celda húmeda y oscura, ahora enfoco mejor mi impotencia hacia la imposibilidad de volver al umbral de mi casa, ahora todo es tiempo en suspensión.


El juicio de la sociedad (o la gente)
Durante todo el tiempo que mi cuerpo permanece encerrado, dicho sea de paso, objeto por el cual perdí todo aprecio y valoración, intentan alimentarme vía oral y al no obtener resultados lo hacen mediante un tubo vía anal, por supuesto, tampoco los privo de mi mierda producto de la incontinencia y los oigo mientras me higienizan.
Los ordenanzas y enfermeros no paran de murmurar sobre cuan seguros están de mi culpabilidad, algunos aseguran que estoy actuando y cuando les preguntan como hago para cagarme sin contraer el esfínter resuelven todo argumentando alguna especie de control mental. Otros opinan que pese a mi culpabilidad, estoy en estado de shock, de hecho; ¿de que otra forma se podría estar luego de cometer la atrocidad mayor? Todos lo saben, todos están completamente seguros, menos yo. Ellos dicen que con solo verme la cara ya no necesitan mas, mi cara les dice todo, ellos creen; pero no saben nada.
Me sacan de ahí para arrastrarme por entre el indignado e iracundo personal de la justicia, que me demuestra un encono más personal que profesional y no dejan de insultarme y maldecirme y demás…
Pero entonces todo es calmo, se abren las puertas de calle y empieza el pandemonio. El infierno.
Jamás me atreví a imaginar que le realidad fuese tan avasallante ni aun en mi casa, cuando empezó todo, esto es mil veces peor.
El torbellino de luces y flashes es la ceguera total, aun sentado en el reverso de mis corneas y mirando por unos ojos que no son los de mi cuerpo, además de enceguecido, soy ensordecido de la misma forma, los gritos todos me acusaban y me profieren injurias de los mas diversos orígenes y de destacada inventiva.
En definitiva todos los insultos tienen la similitud de referirse a que mi castigo fuera el mismo del que se me acusa, la atrocidad mayor.
Es una horda, un ejercito de gente común que trata de herir mi sector corporal, es increíble que no lleguen a comprender ni un ápice que es mucho peor lo que siento en el alma, cual creen que sería la diferencia de un golpe mas o uno menos.
Hay una niña que me llama mucho la atención, mucho más que el resto de esos oligofrénicos monigotes con sus micrófonos y sus cámaras en mano, en el mejor de los casos, en el peor, piedras y cosas podridas, con sus pequeños y decididamente inocentes ojitos, furibundamente inyectados de ira, son dos carbones ardiendo de los cuales milagrosamente fluyen heladas gotas de rencor que perderán todo encanto al explotar en las enrojecidas mejillas que se ondearon al pronunciar a gritos algo que espero, haya oído de algún adulto. La chiquilla clama que se me torture como a Cristo y que luego me hagan victima de la atrocidad mayor, en ese instante creo que ya lo estoy siendo.
En menos tiempo del que les lleva reaccionar a quienes me transportan, veo como todo el odio fulgor y rabia de la pequeña se va difundiendo entre la multitud enardecida que se auto convence de la heroicidad que podría conllevar un linchamiento y arremeten contra el grupo escaso que me separa de la turba, que tampoco dista mucho de ser turba, pero supongo que temiendo a un desmadre me arrastran retrocediendo hasta la puerta de la comisaría y allí, entre empujones y apretones pueden meterme, aunque no pueden evitar que se colen unos cuantos miembros del sector de información pública, ¡ay! si esos imbéciles se escuchasen, están tan ciegos como la chusma, no preguntan, solo exponen manifestaciones :señor, señor ¿Qué se siente al haber cometido la atrocidad mayor? o ¿se declara culpable? O directamente, ¡confiese, confiese! o comentarios dirigidos a una audiencia televisiva como “es evidente que el silencio no hace mas que confirmar nuestra sospecha”, y otras tantas palabras que no significan nada para nadie excepto para ellos mismos …y ni siquiera.
Me dejan detenido en la comisaría y pienso que no tienen otra opción ya que no me puedo mover y estoy según ellos fingiendo algún tipo de trance. Otra vez a la cueva húmeda y oscura, pero esta vez por una hendija alcanzo a vislumbrar un televisor encendido y aguzando al máximo esta nueva especie de sentido del oído me indigno enterándome que piaras de chusma de la peor calaña opinaba, con la misma autoridad moral que puede tener una raya de cocaína, sobre mi situación procesal, de paso manifestaban a los cuatro vientos cual debería ser mi castigo. Todos dicen que mi mutismo me señala inexorablemente, de pronto la pantalla se inunda de una muchedumbre, que me es totalmente desconocida, que habla de mí como si fueran mis amigos de toda la vida, por supuesto, todos coinciden en que soy culpable de haber cometido la atrocidad mayor, pero también concuerdan en que no soy ningún boludo, y me pregunto si la palabra “boludo” puede llegar a tener la misma importancia que las palabras “atrocidad mayor”.
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“y el buen dios vio que iban a ser muchos hombres que juzgar…entonces les dio conciencia”

Y el silencio llegó y es eterno, seguro que va a romperse en cualquier momento, pero mientras está es eterno.
Con los parpadotelones cerrados me dejo llevar hasta el oscuro centro de donde fuese que yo estoy, digo oscuro porque acá esta muy oscuro, y digo centro por la lógica que me obliga a pensar en que todo gira alrededor de algo que tiene fuerza de gravedad y atrae.
Que cada hombre es un mundo es una explicación demasiado frívola, cuando se está en mi situación solo cabe decir que cada hombre es un universo. Entonces me vuelvo de espaldas a mis cineojos y la primera impresión es de total negrura y cerrazón pero aquí … aquí la oscuridad brilla.
Floto gracilmente, y, por primera vez en mucho tiempo siento paz, a estas alturas ya estoy casi seguro de que todo lo que esta relacionado con lo metafísico tiene el nombre equivocado, experimento una veloz atracción y muy tenuemente se me rebela el cosmos, primero veo pasar a las galaxias, después entro en una especie de contacto con todo el derredor, y allí estoy inmerso en una imagen tan realista como surrealista, allí estoy, desnudo frente al universo y voy de cara al centro, no me cuesta nada, solo me dejo llevar hasta que estoy frente a…digamos Dios a falta de una palabra mas adecuada.
Es algo que hace empequeñecer atómicamente a la concepción que tenemos de omnipotencia y omnipresencia; simplemente es algo que es todo y no se puede hablar ante eso, solo apenas pensar y percibir por todos los sentidos, lo más aproximado a lo que se suele llamar éxtasis.
Es la fuente y el pozo por donde pasa el torrente de la historia y del tiempo, en todos los planos físicos y metafísicos, de todos los organismos y elementos unidos o separados, de todos los universos que existen existieron o existirán.
Algo, de repente me hace entender porque estoy ahí, un lapsus de eterna sabiduría me fue brindado para razonar, y entiendo que busco justicia, y entiendo que cuando realmente uno encuentra la justicia es porque lo están juzgando, entonces busco que me juzguen. La comprensión me intoxica de manera tal que concluyo que no se por que he de querer ser juzgado, El o Eso me explica que haya hecho yo lo que sea que haya hecho, la única verdad absoluta es que no se que hice, por ende es imposible que sea calificado alguien que no sabe por que esta en situación procesal. Además a este nivel solo se juzga al ente no a sus actos y solo hay dos veredictos inamovibles que el individuo en cuestión esta de cualquier forma imposibilitado de cambiar, negar u ocultar, puesto que uno u otro fallo (asumo yo, culpabilidad o inocencia) son como huellas digitales, inconfundibles e irreproducibles, por ende inexcusables.
De forma insistente expongo que las pruebas en mi contra son apabullantes, y con un poco de vergüenza , que estoy acusado de haber cometido la atrocidad mayor. A modo de respuesta obtengo la información de que no hay rastro de nada en mi y que soy injuzgable; al menos por lo que yo intento obtener un dictamen.
Me doy cuenta que ni mi propio dios en mi propio universo me sirve ahora.
En esa milésima de segundo o Eón siento que me alejo por donde había llegado y en esos recovecos del tiempo estoy otra vez en mi cine.
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Prendo los cineojos para ver la película del juicio; veo el circo de rostros enllaguecidos de maldecirme, veo ojos con una seguridad inédita, veo sonrisas equinas disfrutando; no hay duda, ellos saben lo que dios no necesita saber.
El olor ocre de la ignorancia es tremendo, no se como mi cuerpo lo resiste sin vomitar. Me atacan, me juzgan, y me condenan. Primero, con todo tipo de pruebas en mi contra para las cuales no preparé una digna defensa, seamos realistas, están juzgando a un tipo que solo respira porque no es ningún boludo.
Después; diciendo que es irrefutable la culpabilidad de mi persona, imputada de haber cometido la atrocidad mayor.
Por último soy físicamente vejado, torturado y flagelado como cristo y luego victima de la atrocidad mayor consumada por diez verdugos.
No se que hacen con mis restos, pero creo que soy examinado mediante autopsia y luego enterrado.
Pasan varios días, o segundos o siglos, que mas da. Por más que prendo mis ojos solo percibo lobreguez.
Durante un lapso sin tiempo todo es negrura, hasta que no se con que parte de mi, razono; concibo la idea mas lógica, y me pregunto como puedo ser tan necio, en fin, solo tan físico y tangible y así veo claramente, nunca saldré de aquí, nunca entenderé por que estoy aquí y nunca tendré un juicio a este nivel con dios, precisamente por no saber si soy culpable o no. Jamás saldré de aquí, la creación que llamo universo erigida por mi como hombre en mi propio interior aun esta ahí, pero jamás habrá nadie mas que yo, todo lo que se me promete es perenne soledad.
Lo físico y lo metafísico se codean en algún punto, así como las paralelas se unen en el infinito, con gran esfuerzo logro encontrar ese punto en el infinito, y cuando lo consigo, con el movimiento mas veloz que puedo permitirme, agarro una de las sogas del desvencijado telón hecho cintajos, me la enrosco en el cuello y salto al universo, tal vez funcione.
Fin.
Risotto de churro

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